Alquimia de mujer…

nardos

Una verdadera mujer es capaz de cambiar el estado físico de la materia… de sólido a líquido o vapor tenue. Esa virtud de condensar o de vaporizar las emociones tiene su evidencia más clara en esa gota de agua capaz de contener todo el secreto de su transido corazón…metáfora de la nube que contiene el agua estremecida de los río y de los océanos, para devolverla en precipitación de lluvia capaz en su persistencia, de modelar la piedra y de formar con su mezcla el barro sagrado. Pero es la neblina amanecida o atardecida la que evoca el estado de inminencia, de promesa, de espera, lo que más me conmueve de esa virtud. Algo similar comprendí una noche al entender que esa maravilla de lo femenino se puede refinar a tal grado, que la transformación de lo visible se puede replicar en algo que aunque intangible, es lo que nos permite ver: la luz. Esa mujer nardo, que como la flor silvestre de los campos agrestes de montaña, recoge toda la luz despiadada del día, para transformarla en aroma…lo visible y lo invisible. Lo que permite ver con los ojos abiertos para entender con los ojos cerrados.