Crónica sobre las evidencias textuales de Elisabetta Balasso “La Novia Manca”…hilar la sombra de la flor

la sombra de la flor

Hilar la sombra de la flor

La flor se abre a la luz, pero su deseo y el impulso de abrirse se gesta en la sombra, desde la raíz. A nuestra mirada, solo la luz es capaz de reflejar su sombra, pero este es apenas un aspecto (el visible) de su sombra. En la psique todo tiene su anverso y su reverso. La mejor metáfora visible de esta dinámica del alma es la sombra que se proyecta cuando la luz atraviesa un cuerpo sólido. Y digo metáfora visible del alma, pues aún este fenómeno biológico-lumínico tiene una conexión irreversible con los procesos anímicos. En el ritual que nos representa La Novia Manca, aparecen dos mujeres: una vestida de azul con las entrañas rojas y la otra vestida de rojo con las entrañas azules. Un ojo racional y gigante arroja la luz sobre la frágil flor a través de una ventana.  Ambas mujeres llevan a cabo el ritual: una coloca las flores y la otra sentada en la máquina de hilar, va hilando sobre la silueta de su sombra. Una vez tramado el tapiz (en este caso tornasolado) la sombra y la flor se integran a través del soplo fecundante del espíritu. Entonces nos preguntamos, de donde salió ese hilo capaz de unificar a la flor con su sombra? en realidad quien es la hilandera, cual de estas dos mujeres hila la sombra con la flor? Y he aquí el misterio de la creación, pues este hilo mágico no puede venir de otro lugar, que de la misma sombra. En este caso el hilo se debe sacar del atributo invisible de la sombra, no del visible. Se debe literalmente hilar la sombra, para poder luego con ese hilo trazar su silueta. Hilar la sombra de la flor Sacar el hilo conector), es entender su transformación, la dinámica de los umbrales, no como un momento en sí mismo, sino como un todo. Es conectar el sentido de la raíz con el perfume, descubriendo que es aquello que lo enlaza, que lo conecta, desde lo oculto, pasando por el tallo hasta llegar a la luz.

Hilar siempre es transformar, llevar o encontrar en lo complejo, aquello simple que le da conexión y continuidad a su pertenencia y a su correspondencia con el todo. La mujer cuando hila, (porque es ella quien hila, la dueña del huso, de la máquina de hilar y del hilo) lo que hace es transformar la materia y la fibra vegetal o animal en hilo, en algo homogéneo que conecta y recrea otra vez las formas a través del tejido o del acto de coser.

Esta transformación de la fibra vegetal o biológica en el hilo vinculante, (y en algunos casos de la vida misma y de la muerte) es ejecutada por el gusano de seda o la araña. Coser y tejer, como actos que deviene a la consecución del “hilo”, es ya otro plano sagrado de esta dinámica. El acto de coser además se puede referir a lo descompuesto a lo rasgado o lo roto, mientras que el tejido es siempre más inherente al proceso creador en sí mismo.

A su vez, El Maestro Cirlot nos habla del hilo como el símbolo más antiguo y vital, como la evidencia de la conexión más esencial y primaria de cualquier plano (biológico, espiritual, material o potencial, visible o invisible). Yo le agregaría a esta visión simbólica del hilo, el hecho de que este proceso de conexión que simboliza, se produce en correspondida permanente entre todos los planos esenciales y existenciales. La sombra de la flor pues, no es solo lo que arroja la luz transversalmente sobre un plano (fenómeno que solo se produce por la gracia de estos (como diría Borges) tenues instrumentos que llamamos ojos en conjunción con el milagro y el misterio de la luz. La sombra de la flor, es esencialmente lo que está oculto a la mirada del ojo. Dentro del simbolismo que Cirlot le atribuye al hecho de hilar, el más importante es aquel que expresa la necesidad de mantener la vida a través de su eterna re-creación. Tejer y destejer es el secreto. Por eso sólo las magas, las hadas, las parcas son hilanderas. Bajo esta revelación y sin duda alguna, ha sido Ariadna la maga más importante, la detentadora del hilo que une al centro de la sombra con la luz. Si nos vamos más atrás, al momento mágico de hilar, de producir el hilo conector, llegaremos a la sombra, a lo oculto, al misterio, a aquello que no vemos con los ojos del cuerpo. Por ello es necesario hilar desde la sombra… y en el caso de flor como despliegue de lo visible, desde la sombra de la flor.

Para entender esto, tenemos dos visiones que le dan connotaciones diferentes al hilo. Hablamos aquí de la urdimbre y de la trama. La urdimbre, une, vincula y conecta los mundos y los estados esenciales con los existenciales. En cambio la trama expresa en su conjunto una visión total de esas vinculaciones. Hilar la sombra de la flor, es en este caso en encontrar el hilo de la urdimbre, encontrar el-hilo-primordial capaz de unir a la raíz con los aromas hasta llegar a lo más tenue: ese viento suave y sereno, El Céfiro, el aliento primordial y puro. Por el contrario, La trama sería ese estado en que la hilandera o tejedora, teje y desteje para ser fiel a la dinámica de alternancia perpetua entre la vida y la muerte, el día y la noche, el inspirar y el espirar de la respiración, como lo hacían las magas japonesas Amaterasu quien tejía de día y Wo-no-Mikoto que destejía en la noche, o la advocación griega en Penélope.

Aquí entonces nos preguntamos, como hilar la sombra de la flor, como será ese hilo, quien es ella, la hilandera de esa sombra? Será en esta caso urdimbre o trama? La respuesta más cierta y creíble es el misterio. Solo se puede creer en el misterio, pues lo que nos muestra la luz es evidente. Una mujer doble, el anverso y el reverso, la luz y la sombra, la urdimbre y la trama, dependiendo de ese hilo misterioso. Aquí pues estamos a la búsqueda del hilo más esencial de todos: aquel capaz de unir la sombra con la luz. En ese proceso de transformación, el símbolo de esa mujer doble, de ese anverso y reverso especular de lo femenino. En todo caso es la capacidad de ver que la mujer oscura y la mujer de luz son una sola, que esa integración no se produce, sino que existe, que pre-existe a nuestra visión. Es ver y entender que ya estaban integradas desde el origen. Este proceso alquímico, cuyo hilo conductor solo encontraremos en la sombra de la flor, culminara en el viento leve, en el céfiro apenas perceptible, donde la flor arrojará su aroma, dejándonos como evidencia un tapiz tornasolado que desplegará para los ojos y para el alma ese deslizar de colores, esa textura que se parece tanto a la aurora boreal.

Como todo acto creador, el proceso que lo compone no es estático sino dinámico, diría incluso hipostático: la trinidad de la creación expresada en la sucesión de la potencia, la energía y la forma. El paradigma cristiano lo enuncia con el misterio de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, siendo que el “Trinurti Hindú” lo replica tanto en los aspectos femeninos como en los masculinos de lo creante. Pero cualquiera que sea este triple paso de la creación, es el espíritu que lo anima, quien finalmente lo dinamiza para que la potencia devenga en forma y viceversa. En este ritual de hilar la sombra de la flor, nos asombra la coherencia que tiene el atributo fecundante del viento como advocación del espíritu. “Algo paso”, algo va a cambiar desde ese momento, la transformación de lo femenino que traspasa el umbral de esa ventana iluminada que arroja su sombra. La metáfora de la flor y de su sombra, recrea lo dual, el desdoblamiento. El acto de hilar la sombra de la flor, expresa por el contrario la integración, el logro de la individuación de la psique femenina “en-si misma”. La visión entonces nos lleva a la revelación de que no hay dos instancias de lo femenino actuantes en este proceso, o las Megelas (lo inverso en la raíz de la palabra Gemelas) como son  nominadas en el drama-ritual. En realidad hay tres instancias: la mujer doble que se integra en una sola (la flor y su sombra) y una tercera que permanece inalterable para que este paso de integración se logre. Esta tercera mujer, nunca se integra, pues ella es la actúa en la integración desde lo invisible del proceso…desde la sombra. Y he aquí lo más conmovedor de este drama-trama: aquella parte de la psique de la mujer (la tercera, la que nunca se desdobla), de la hilandera que se quedará eternamente asida a su máquina de hilar, para permitir y darle paso a esa otra mujer que cumplirá los rituales del recorrido total de integración, cuya manifestación será dada a través del matrimonio consciente y su fecundación. En este estado de la revelación, creemos que en este drama con la intervención de la hipóstasis trinitaria de las instancias de los femenino, existe como una resonancia del Aión del Maestro Jung un cuarto elemento que se agrega para lograr el sí- misma, y así estar preparad y consciente para su encuentro con lo masculino fecundador, con lo que sucederá después de la “boda”. La sensación que nos deja como espectadores de esta representación, es muy fuerte y en especial me conmueve de manera muy personal, el haber podido entender desde la sombra, a esa eterna novia, a la que permanece en estado de inminencia infinita, mujer fiel a ese estado nupcial o virginal de sacrificio esencial que hará posible el estado de transformación a otros planos en la dinámica de lo femenino en su integración con sigo misma y con lo masculino, pues ella y solo ella, será capaz de conseguir el hilo, de hilar la sombra de la flor.